29 mayo 2021

Reseña. Un lugar llamado Antaño. Olga Tokarczuk.

 




    Antaño es un lugar situado en el centro del universo. 

    Para cruzar Antaño de norte a sur, a paso ligero, sería necesaria una hora. Lo mismo, de este a oeste. Y, si alguien quisiera rodear Antaño, a paso lento, observándolo todo con detenimiento y atención, tardaría un día entero, desde la mañana hasta la noche.

    Por la frontera norte de Antaño discurre un camino que va de Taszów a     Kielce, transitado y peligroso, porque provoca ansia de viajes. Esta frontera la protege el arcángel san Rafael.

    La frontera sur la marca el pueblo de Jeszkotle, con su iglesia, su asilo de ancianos y sus casas bajas que circundan una plaza llena de barro. Ese pueblo es amenazador, porque engendra el deseo de poseer y de ser poseído. Por este lado, Antaño está protegido por el arcángel san Gabriel.

    De norte a sur, Antaño se encuentra a ambos lados del Gran Camino, que conduce a la carretera de Kielce a Jeszkotle.

    La frontera oeste de Antaño está jalonada por unos prados húmedos y cercanos al río, algo de bosque y un palacio. Junto a este hay una caballeriza, donde cada caballo vale tanto como todo Antaño. Los caballos pertenecen al amo y los prados al cura. El peligro de la frontera oeste es el pecado de la soberbia. Esta frontera está protegida por el arcángel San Miguel.

    En el este, la frontera de Antaño sigue el curso del río Blanco, que separa sus tierras de las de Taszów. Luego el Blanco tuerce en dirección al molino, y la frontera continúa sola, por las praderas y entre los arbustos de alisos verdes. El peligro que amenaza este lado es la estupidez que procede de las ganas de dárselas de inteligente. Esta frontera la vigila el arcángel San Uriel.   

    En el centro de Antaño, Dios erigió una colina que invade cada verano una multitud de abejorros. Por eso, la gente la llamó la Colina del Abejorro. Porque a Dios le corresponde crear y al ser humano dar nombres.

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    La mujer debe ocuparse de la comida, no solo de prepararla, sino también de bendecirla. Dios, que es también hombre, tiene en la cabeza cosas más importantes: guerras, cataclismos, conquistas, expediciones lejanas...

 

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Tiempo del juego:

    En el librito Ignis fatuus o juego educativo para un jugador la descripción el Tercer Mundo empieza del siguiente modo: "Entre la Tierra y el Cielo existen Ocho Mundos. Penden inmóviles en el espacio como edredones tendidos al aire." El Tercer Mundo lo creó Dios hace mucho tiempo. Empezó por los mares y los volcanes y finalizó con las plantas y los animales. Pero como en la creación no hay nada sublime, y solo hay esfuerzo y trabajo, dios se cansó y se desanimó. El nuevo mundo le resultaba aburrido. Los animales no entendían su armonía, no se maravillaban ante Él, no loaban a Dios. Comían y se reproducían. No le preguntaban a Dios por qué había hecho azul el cielo y húmeda el agua. El erizo no se asombraba de sus púas, ni el león de sus dientes y los pájaros no se interrogaban acerca de sus alas.

    Este mundo duró muchísimo tiempo y acabó por matar de aburrimiento a Dios. Así que Dios bajó a la Tierra y empezó a dotar de dedos, manos, cara, piel delicada, entendimiento y capacidad de sorprenderse a todos los animales que encontraba. Convirtió, a la fuerza, a los animales en personas. Pero los animales no querían ser transformados en hombres; les parecían seres horribles y espantosos, verdaderos monstruos. Llegaron a un acuerdo, cogieron a Dios y lo ahogaron. Y así acabó todo. En el Tercer Mundo no hay hombres ni Dios.

 

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Dios ve

El tiempo huye      

La Muerte acosa

La Eternidad espera

 

 

 

 

    Allí era donde los muertos, tras la vida, recuperaban la conciencia y entendían que habían perdido el tiempo que les había sido otorgado. Descubrían el secreto de la vida después de la muerte, pero era ya un descubrimiento inútil.  

 

 

     

 

 




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