Cuenta María Teresa León en su Memoria de la melancolía que, encontrándose una mañana en la ciudad de Panamá con unos amigos, escucharon un clamor que se iba acercando. Un automóvil avanzaba lentamente, frenado por la multitud. Dentro de él iba un indio con una hermosa cara triste, asombrada, feliz tal vez de sentirse mirado con tanta curiosidad por los hombres blancos que, desde generaciones y generaciones, no le habían mirado nunca, que únicamente le habían gritado para que se apartase. ¿Qué es lo que ha hecho?, preguntaron. Se ha comido a un ingeniero norteamericano, figúrese. ¡Qué maravilla! Es una forma nueva de hacer antiimperialismo. Un tiro en la noche sería la expresión de la justicia de los cultos, de los civilizados, de los lívidos blancos.
