Paréceme que andáis perdido y descaminado, y por apreciar vuestra persona y por estimaros más candoroso que pecador, me siento obligada a advertiros que es harta osadía e impiedad y que es ofensivo glosar al Maestro, ahondar con la afilada daga de la pluma en sus palabras, y hacerlo como lo haceis vos, con las manos sucias, la capa roída por la mugre que añora otro agua que no sea el de la lluvia, y vuestro aspecto desatendido y menesteroso.
Anónima, s. XIVII