10 agosto 2013

Haroldo Conti.





     

    



Recuerdo esos días, recuerdo el aire y la luz de esos días, porque fue la primera vez que sentí los mismos sintomas que mi padre, esa oscura ansiedad que me oprimía el pecho. Por primera vez, como mi padre, sentí la alegría y la tristeza de ser un hombre solitario, y ansié metas distantes y aguardé la mañana seguro de grandes acontecimientos, y por la noche me estremecí de imprecisos deseos, percibiendo voces y ruidos remotos suspendidos como esferitas en la laxitud de las sombras, desplazándose según el viento.

(Del cuento "Todos los veranos")






     Por Telma, amiga ultramarina, tan añorada como lejana, he tenido la oportunidad de conocer a Horaldo Conti. Lo he conocido en profundidad, a través de sus cuentos, de su escritura. Porque a Conti no se le puede conocer en el sentido vulgar del término.

03 agosto 2013

Tristeza.



"Por eso, no os desaniméis, si alguna vez cayereis, para dejar de procurar ir adelante; que aun de esa caída sacará Dios bien, como hace el que vende la triaca para probar si es buena, que bebe la ponzoña primero. Cuando no viésemos en otra cosa nuestra miseria y el gran daño que nos hace andar derramados, sino en esta batería que se pasa para tornarnos a recoger, bastaba. ¿Puede ser mayor mal que no nos hallemos en nuestra misma casa? ¿Qué esperanza podemos tener de hallar sosiego en otras cosas, pues en las propias no podemos sosegar?"


Teresa de Jesús. Las moradas.








     Hay días en que uno se levanta con el alma desarbolada. Pareciera que durante la noche se nos hubiera caído y al recogerla en mitad del sueño la hubiéramos recompuesto mal, como si quedara cambiada y opaca, o vuelta del revés