No es una escritura amable la de Fante, al menos al principio. Su forma de contar resulta áspera, sus frases desadjetivadas y duras, breves, como si en lugar de estar escritas nos las estuvieran lanzando como piedras que nos lapidaran. La relación escritor-lector no es sencilla aquí, el primero nos grita pidiendo que nos levantemos de nuestra cómoda butaca de lectura y nos pongamos a leer de verdad, a comprender lo que, ocultas bajo el cinismo, sus palabras nos quieren decir realmente.
