Picarescas orillas del río Tormes, tierras duras y frías que se extienden al norte de la Sierra de Gredos. En ellas se encuentra la ermita de Nuestra Señora del Espino: románica, robusta y oscura, se diría que se esconde y se disimula con el paisaje. O quizás lo contrario, que se alza gallarda y desafiante, asentada en la tierra, señalando las cumbres. Un testimonio etnológico del ancestral culto a la fertilidad, a la maternidad. La cristianización de la vieja madre Tierra transformada en María.
