Horacio y Lucía no se citan nunca, no quedan a hora alguna ni en sitio determinado. Cuando se quieren ver se buscan distraidamente por las calles de París, por los puentes y las orillas del Sena, hasta que se encuentran, siempre. Entonces, con una ingenuidad impropia de Oliveira, aunque no así de la Maga, celebran su encuentro con una botella de vino en cualquier vieja taberna de la ciudad. Como si el azar existiera en el amor, o en la vida. Como si algo en este mundo pudiera ser meramente casual.
En su soberbia intelectual él, en su adorable indolencia ella, pasean por su amor sorteando la tragedia y la locura, esquivando un final inevitable. Como todos los amantes, como todos los hombres, ignoran que llevan en el bolsillo aquello que andan buscando.
Efectiva mente...creo además que uno es el complemento de la otra. En realidad son las dos caras de la misma moneda. Gran Maestro el señor Cortázar.
ResponderEliminarSí, eso es, complementarios. Volviendo a citar a Cortázar, son como los dos lados de un puente, no cabe otra forma de sostenerlo más que de ambos al mismo tiempo. Gracias por comentar, Marián.
EliminarGracias a ti, por atender a mi comentario, que ya sé que no sueles hacerlo.
ResponderEliminarBuenas Noches.