| Fuente: Diario Público (www.publico.es) |
Es difícil creer que se pueda asesinar "legalmente" a un hombre sin que conste en el acta de entrega al pelotón de fusilamiento el delito por el que va a ser ejecutado. Cuesta suponer la existencia de toda una burocracia para esto. Es impensable que el funcionario que haya mecanografiado el texto, el que lo haya supervisado y el firmante, no advirtieran la barbarie. Quizá la advirtieron, pero no les importó. Por eso la necesidad del aparato burocrático, porque en él se estructuran procedimientos rígidos e irracionales que en realidad no son otra cosa más que una especie de perchero donde colgar el remordimiento antes de ir a dormir. Por justicia y por dignidad, no colguemos en él nosotros también el olvido.
La letra tapa la sangre. El lenguaje embosca la barbarie. El membrete y el sello normalizan el mal.
ResponderEliminar