Desde que el hombre aprendió a dejar constancia escrita de los acontecimientos, la pluma del historiador siempre se ha movido inclinada por el peso de algún interés espurio. Con frecuencia se esconde lo obvio de forma tan sutil que aprendemos Historia sin darnos cuenta de que lo más evidente se deforma o directamente se oculta.
Hay escritores cuya palabra es luz. La escritura de Eduardo Galeano alumbra las conciencias de quienes le leen. Con su literatura pequeña, consigue hacer visible lo evidente, mostrar lo que, a pesar de su propia obviedad, no somos capaces de ver, cegados por la palabrería hipócrita de los libros de historia:
Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?

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