Orlando, de Virginia Woolf, es realmente un hermosísimo libro supuestamente biográfico de este personaje que comienza como hombre en el siglo XVI y termina siendo mujer en el XX, y del que hay quien opina que en realidad es una larguísima carta de amor que Woolf dedica a su amante, Vita Sackville-West. El libro no está exento de una cierta reivindicación feminista, pero lo que a mi modo de ver lo hace más encantador es que mantiene un juego con el tiempo, entre el presente y el pasado que de continuo se alternan, se superponen o se tornan tan reales y que hace tan grata esta novela.
A menudo tambien encontramos un fino humor, una sutil ironía. Por ello he querido rescatar unos párrafos que hablan, cómo no, de la afición a la lectura de Orlando, su protagonista, y a su empeño por escribir un poema. Ruego al lector sepa disculpar la extensión del texto:
"La afición a los libros fue precoz. De niño a veces le encontraba un paje todavía leyendo a medianoche. Le quitaron la vela, y crió luciérnagas con ese objeto. Le quitaron las luciérnagas, y casi prendió fuego a la casa con una yesca. Dicho en una palabra, y dejando para el novelista estirar la seda arrugada y todas sus implicaciones, era un caballero aquejado de amor a las letras. Muchas personas de su época, todavía más de su rango, evitaban la infección, y de ese modo quedaban libres para correr, cabalgar o hacer el amor a su real capricho. Pero algunos se infectaban a temprana edad de un germen que se decía nacido del polen del asfódelo y traído por el viento de Grecia e Italia, y que era de naturaleza tan perniciosa que hacía temblar la mano levantada para el golpe, velaba la vista que buscaba su presa y trababa la lengua en el momento en que se declaraba su amor. Era la fatídica naturaleza de esta enfermedad sustituir a la realidad un fantasma, de suerte que Orlando, a quien la fortuna había otorgado todos los dones -vajilla de plata, lencería de hilo, casas, mayordomos, alfombras, camas en profusión-, no tenía más que abrir un libro para que toda esa vasta acumulación se mudara en bruma. Las seis fanegadas de piedra que eran su casa se desvanecían; los ciento cincuenta sirvientes de la casa desaparecían; los ochenta caballos de silla se tornaban invisibles; sería demasiado prolijo contar las alfombras, los divanes, los adornos, la porcelana, la plata, las vinagreras, los calentadores y otros bienes muebles, a menudo de oro batido, que se evaporaban bajo el miasma como la bruma del mar. Así era, y Orlando se quedaba solo, leyendo, como un hombre desnudo.Ahora el mal, en aquella soledad, avanzó rápidamente en él. De noche leía muchas veces hasta seis horas, y cuando venían a pedirle órdenes para la matanza del ganado o la recolección del trigo, apartaba el infolio y miraba como si no entendiera lo que le decían. Eso ya era malo, y les encogía el corazón a Hall, el halconero; a Giles, el palafrenero; a la señora Grimsditch, el ama de llaves; al señor Dupper, el capellán. Un gentil caballero como él, decían, no tenía necesidad de libros. Que dejara los libros, decían, para los tullidos y los moribundos. Pero aún faltaba algo peor. Pues una vez que el mal de leer se ha apoderado del organismo, lo debilita y lo convierte en presa fácil de ese otro azote que habita en el tintero y se encona en la pluma. Al desgraciado le da por escribir. Y siendo eso malo en un pobre, que no tiene otra propiedad que una silla y una mesa bajo un tejado con goteras, que en definitiva no tiene mucho que perder, la desdicha en un hombre rico, que tiene casas y ganado, doncellas, asnos y lencería de hilo, y aun así escribe libros, es muy de lamentar. Pierde el sabor de todo: le torturan hierros candentes, le roen los gusanos. Daría hasta el último ochavo (tal es la malignidad del germen) por escribir un único librito y hacerse famoso; pero todo el oro del Perú no puede comprarle el tesoro de un verso acabado. Entonces cae en la consunción y enferma, se vuela los sesos, vuelve la cara a la pared. No importa en qué actitud le encuentren: ha atravesado las puertas de la Muerte y ha conocido las llamas del Infierno".

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