Artículo de Antonio Gala, publicado en su sección "La Tronera", diario El Mundo, lunes 23 de abril de 2012:
Mis libros.
No soy retrógrado. No me convertiré en piedra por mirar hacia atrás como la mujer de Lot. Soy hombre de mi tiempo; lo he vivido con intensidad. También la lectura. Amo el libro, he vivido y bebido con avidez en él. Mi casa tiene un torreón de 15 metros dedicado a ellos. Mi estudio, en cada pared de 5x4 metros tiene 10 hileras donde se aprietan unos contra otros. Y al fondo, la Colección Austral completa... Vinieron hace poco a pedirme autorización para editarme en una pantalla limpia, donde, apoyando un dedo, se dobla la página con elegante movimiento. Cada vez que lo intentaba yo, se ennegrecía el aparato. Dí mi consentimiento, pero sé que nunca leeré en ese invento, ni a mí ni a nadie. Me faltará primero, la vida; después, la cercanía. Un libro es un ser vivo hecho a mí, para mí. Quizá yo sea anticuado; no es hora de cambiar. ¿Cómo se leerá en el siglo XXI?. Puede que no se lea: se escuche o se adivine... Yo necesito un peso vivo, páginas táctiles, lecturas inmóviles, el modo mío de ser que un libro tiene: su calor, su intimidad. Mi cariño hacia ellos hasta la muerte... Y escribo sobre libros en blanco, como ahora mismo. Si hay eternidad y no me ofrece esas posibilidades, prefiero terminarme.
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