A quien va dirigida esta entrada en el blog lo sabe, lo sabrá tan pronto como lo comience a leer. Su nombre es lo de menos, ella lo sabe, es la Maga, nada los ríos sin preguntarse cómo lo hace. Yo conocí su presencia entre estas líneas de forma instantánea, incluso antes de comenzar a leer el párrafo de Cortázar:
"Sabía que estaba otra vez de su lado, que no se había ahogado, que él la estaba sosteniendo a flor de agua y que en el fondo era una lástima, una maravillosa lástima. Los dos lo sintieron en el mismo instante, y resbalaron el uno hacia el otro como para caer en ellos mismos, en la tierra común donde las palabras y las caricias y las bocas los envolvían como la circunferencia al círculo, esas metáforas tranquilizadoras, esa vieja tristeza satisfecha de volver a ser el de siempre, de continuar, de mantenerse a flote contra viento y marea, contra el llamado y la caída."
(Rayuela, cap. 55)

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